Había una vez un gatito muy especial llamado Miku. Era blanco y negro, con un pelaje suavecito y unos ojitos curiosos que siempre estaban mirando todo a su alrededor. Miku nació en una hermosa isla llamada Puerto Rico, donde el sol brillaba fuerte y la brisa era cálida.
Un día de octubre del 2019, Miku llegó a nuestras vidas. Desde ese momento se convirtió en parte de nuestra familia. Era un gatito juguetón que corría por la casa, perseguía cositas que se movían y hacía reír a todos con sus travesuras.
A Miku le encantaban tres cosas en la vida: jugar, comer y dormir. Podía pasar horas jugando, y luego buscaba un lugar cómodo para tomar una siesta larga y tranquila.
Pero una de las cosas más especiales de Miku ocurrió cuando mamá estaba embarazada. A Miku le gustaba mucho acercarse y acostarse sobre la pancita, como si estuviera cuidando al bebé que venía en camino. Era como si él supiera que un nuevo miembro de la familia estaba llegando y quería estar cerca.
Pasaron los años y Miku siguió siendo un compañero fiel. Siempre estaba por la casa, observando todo con calma o durmiendo en su lugar favorito.
Después de siete años, nuestra familia hizo un gran viaje y nos mudamos a Texas. Miku también vino con nosotros. Aunque el lugar era nuevo, él siguió siendo el mismo gatito tranquilo y dulce. Durante siete meses, vivió con nosotros allí, compartiendo más momentos, más juegos y más siestas.
Miku dejó muchas memorias lindas: sus siestas largas, sus juegos, su compañía silenciosa y ese amor especial que solo los animales saben dar.
Aunque ahora Miku ya no está físicamente con nosotros, su historia siempre vivirá en nuestros corazones. Porque los gatitos como Miku nunca se olvidan… ellos se quedan en los recuerdos, en las fotos, en las historias y en el amor de la familia que los cuidó.
Y así, el pequeño gatito blanco y negro que llegó en octubre del 2019 desde Puerto Rico, siempre será parte de nuestra familia.

















